Muchas gracias, tyosmakepyë meku’uktëjkety, tyoskojuyep Tsyop, Esperanza, Félix, por esta cordial invitación para hablar de este histórico libro, que trata sobre la historia de los mixes, la historia de la sierra, llamado Los Caciques de la Sierra, un libro escrito por Iñigo Laviada; ya se mencionó que era abogado, licenciado en derecho y periodista, ¿verdad? Yo creo que es muy importante lo que se está haciendo con este Diálogo, y sobre todo, pues, esta idea de volverlo a publicar, ya me referiré al final respecto a ese tema, porque tengo por ahí una una propuesta y una idea al respecto. En fin, yo lo que quisiera es, pues, hacer una referencia a este documento desde mi punto de vista personal, mi experiencia con el libro.
Yo llegué en 1990 a la Sierra Mixe, a Santa María Alotepec. Estudiaba, en ese entonces, las carreras de Antropología e Historia en la Ciudad de México, y tuve una invitación en aquel momento por parte de nuestro amigo Juan Carlos Reyes, quien era ya mi amigo allá en la ENAH como lingüista y también por una señora, una antropóloga ya finada, que se llamó Marie-Odile Marion, ella conoció y visitó Alotepec por invitación de un par de activistas mixes, como el maestro Salomón Maximiano; y así fue como llegué a Alotepec y me instalé en la casa del maestro Salomón.
Quiero decir que durante aquellos mis primeros momentos e incursiones en la sierra el tema del cacicazgo, obviamente, era de una manera bastante velada, es decir, no era fácil hablar del tema, no como ahora, en ese entonces todavía había temores, dolores, muchos miedos. Incursionar en la Sierra Mixe, en ese momento, tampoco era cosa sencilla, pues había tan sola una carretera, y de terracería, y en ese momento sólo estaba llegando hasta a Santa María Alotepec, y yo creo que había miedo y temores al respecto del tema del caciquismo.
Quiero decir que este libro, Los Caciques de la Sierra, yo lo conocí, precisamente, en la casa del profesor Salomón Maximiano, ahí con una fotocopia que él tenía yo conocí ese libro y ahí mismo lo leí, en su casa, y me interesé bastante en el tema que empecé a hacer preguntas. Conocí a la gente, pregunté, obviamente, quiénes eran los personajes mencionados en el libro, quien era Florentino, y no es sino don Juventino Emeterio Lara, quien tuve el gusto de conocer y que todavía saludo con mucho afecto cuando voy a esa comunidad; y hay una cosa que me gustaría mencionar y que no se ha comentado en este momento: es que este libro es de difícil acceso porque, pues, fue un libro que fue desaparecido. Hay que mencionar este tema porque es es muy importante, porque, por un lado, es un libro muy interesante, mismo que lo hace un libro único, no encuentro yo otro texto si nos pusiéramos a comparar obras en este sentido, yo no encontraría en México un libro parecido, no hay nada, incluso, como la propia estructura que comúnmente tienen los libros. Si ustedes lo leen es un poco raro, en cuanto a la manera en que se presentan los capítulos, etc., vaya, hasta está un poco alterado, desordenado, yo creo que, en la intención de don Iñigo Laviada es, y como él mismo lo dice, un reportaje, que así es como él llama varias veces a su libro: un reportaje, no dice que sea una investigación antropológica o científica, sino que es un reportaje, y más un hecho de denuncia. Obviamente él pertenecía a una fracción política distinta a la que regía en ese momento en México cuando se escribe esta obra, que es entre 1935 y 1978, y por eso creo que es muy importante hablar del contexto: no hay texto sin contexto, y el contexto es que estamos en la época del aparato más autoritario del Estado mexicano, en la época más autoritario del Estado mexicano y escribir una obra así, pues, no era fácil, y tampoco era fácil llegar a la Sierra Mixe en ese momento y andar preguntando sobre los caciques, no, no, eso tenía implicaciones, pues, como ustedes saben hasta de integridad física, ¿verdad?, y eso de que su hermana Sor vivía ahí con las Hermanas de la Caridad.
Yo creo que Los Caciques de la Sierra es una obra que hay que reconocerlo así, en esos términos, en su valor de escribirlo y que es una denuncia, obviamente, del aparato político que ejerce la represión del Estado mexicano y que tiene una intención política que es denunciar esa estructura del PRI, del PRI represor que venía, ya sabemos, despues del 68 y que aquí encuentra una justificación aún más grande, en términos de esa violencia, digamos, con la que se controló el campo mexicano, y no solo en Oaxaca, o la Sierra Norte de Oaxaca, ahí están tambien las Sierra de Guerrero, Michoacán, Chiapas, etc., pues, yo creo que es esto importante y por eso el libro desapareció, bueno, el libro lo mandaron a quemar funcionarios del PRI, eso es lo que se contaba, que eso hicieron, que lo compraron, lo quitaron de las librerías y lo desaparecieron de tal manera que esa denuncia no prosperara, por eso es tan difícil o era tan difícil encontrar esta publicación, excepto en las bibliotecas, y solo en algunas bibliotecas. Y como les digo, que tuve la fortuna de encontrar una copia, bueno, ya se imaginarán una copia de aquellos años de 1990 como sería una fotocopia, además de esas condiciones de humedad en la que se encontraba guardado el texto, y bueno, así lo encontramos y lo leímos. Por otro lado, está la paradoja de que este libro es que describe una realidad muy particular, única, digamos, con una serie de personajes, una serie de características, relatos, algunas sobre la vida de muchas personas que están ahí (a ustedes los ayuuk, ¿que les puedo decir, ya que muchos de los que están aquí presentes, son descendientes de muchas de las víctimas de ese periodo caciquil tan cruel?), pero, y también como se dijo, la intención de Iñigo Laviada en su libro es dar la palabra para escuchar a ambas versiones, es decir, este era un caso que desde luego había víctimas y victimarios, había caciques, había quienes ejercían la violencia, pero también era necesario conocer, hasta donde fuera posible, sus puntos de vista, por eso yo disentería un poco en el sentido de que este libro tiene un carácter maniqueo, porque, pues, yo creo que es una obra que tuvo la intención de describir una realidad de ejercicio de la violencia en condiciones muy complicadas, y yo creo que ese es una cuestión que es importante tomar en cuenta.
Este es un libro cuya estructura es rara, porque si ustedes ven, por ejemplo, pues ya la descripción etnográfica, la descripción de las condiciones de la Sierra Mixe, del contexto de la Sierra Norte, incluso de la Sierra de la Chinantla, de las instituciones políticas, religiosas, etc., pues, las describe un poco al final y no al principio como pudiera considerarse normalmente en una tesis o en una investigación canónica. Iñigo fue juntando una serie de elementos que le permitieron en cómo integrar un expediente que consistiera en cómo dar cuenta de una realidad, pues, bastante compleja, y por eso yo creo que tiene muchos méritos el libro, pero también tiene sus errores, por supuesto, que son los errores de la época: yo recuerdo que en Alotepec mucha gente decía que había que enmendarle la plana al libro, que había que reescribirlo porque tenía imprecisiones, etc., no sé si por ahí, por ejemplo, algunos llegaron a leer que él se refiere a la Sierra Mixe como parte del Nudo Mixteco, ¿no? que era una una concepción que se tenía en aquella época en los años setenta, yo creo que es una información que le proporcionó el ingeniero Jorge Luis Tamayo, a quien él menciona en varias en ocasiones, pero esa era la idea del momento, que el Nudo Mixteco, pues se encontraba en la Sierra del Cempoaltepetl.
Iñigo va salpicando su libro con una serie de testimonios, de narraciones, menciona, desde luego, su entrevista con Walter Miller, que creo que es muy interesante ese episodio; menciona también a Salomón Nahamad, a la doctora Etsuko Kuroda, que ya estaba haciendo sus investigaciones en la parte de la sierra de Oaxaca, y ahí hay un tema que a mí me llama mucho la atención ahora que estaba releyendo el libro para esta conversación y que vale la pena, creo, señalar: él refiere en su reflexión, en su introducción, en su conclusión, y es la reflexión sobre el caciquismo, porque él también le dedica un capítulo al cacicazgo, al caciquismo como un fenómeno nacional, ejercicio de la política el Estado mexicano para controlar el campo, que se titula: “Una hipótesis analítica sobre el caciquismo”, que está en la página 151, donde incluso hace una mención de Gonzalo N. Santos, el cacique por antonomasia en la época del PRI en San Luis Potosí, y ahí él se refiere al caciquismo como una categoría que es parte del Colonialismo interno, que es una categoría que, como todos ustedes saben, fue acuñada por dos pensadores mexicanos muy importantes, dos académicos, don Pablo González Casanova y Rodolfo Stavenhagen, este último que escribió su “Siete tesis equivocadas sobre América Latina”, que fue publicado por aquellos años, si no mal recuerdo en el periodico El Día, en donde él hace una reflexión sobre esta categoría del Colonialismo interno y como este colonialismo es una forma de seguir expoliando y marginando a los pueblos indígenas de América Latina, entre ellos nuestro país, México, y yo creo que eso es algo interesante en el libro de Iñigo.
También parte de este libro Los Caciques de la Sierra, en aquellos años se había creado la Comisión Nacional de Derechos Humanos (CNDH), y me preguntaba como un libro como este no era retomado por aquella institución o se hiciera mención por una institución que se había creado por esos años. Y fue por ahí, entre los años de 1990 o 1991, que se da una de las primeras visitas que hizo la CNDH a campo y fue, precisamente, a la Sierra Mixe, y fue a Santa María Alotepec para hacer una investigación sobre las violaciones a los derechos humanos y la existencia o los resabios así como las consecuencias que dejó el caciquismo en este pueblo indígena, en particular en Santa María Alotepec, y recuerdo que un comité de la CNDH fue hacer una investigación, misma que se publicó en televisión nacional en donde se entrevistaron a varios personajes para hablar de esta situación, entre ellos habló don Juventino, si no mal recuerdo, también doña Patrocina, que fue una de las personas víctimas de esta lamentable situación, y todo esto, pues, hay que recordar, fue iniciativa también del finado Floriberto Díaz Gómez, que también es importante mencionarlo acá porque él tuvo una preocupación muy particular o un interés muy particular por resolver varios problemas o los problemas que atañían a los Derechos Humanos de la Sierra Mixe como consecuencia del caciquismo.
En fin, tambien quiero destacar algo que es muy importante, que a mí me llama mucho la atención y es que también en aquellos años uno de los personajes que conocí y eso fue en la ciudad de Oaxaca, fue a don José Isabel Reyes; José Isabel, como todos ustedes saben, fue un pistolero que estuvo tanto al servicio, aunque él lo negaba, de Daniel Martínez como de Luis Rodríguez y que fue un personaje muy, pero muy complejo así como polémico que cargó en sí, pues, una serie de muertes y asesinatos, pero yo recuerdo también que ya como parte, digamos, de la de las expresiones de la cosmovisión del pueblo mixe, pues en las pláticas cuando había ocasión de platicar esto porque como yo les digo no era, no era fácil, no era un tema público, creo hasta la fecha todavía no se habla con mucha apertura al respecto, pero entonces todavía menos, pues siempre se hablaba de José Isabel con esa especie, digamos, de recuerdo, pues, fatídico, con cierto enojo, pero también con las ideas propias de la comunidad mixe ya que yo llegué a escuchar en varias ocasiones que José Isabel fue también fue víctima de varios intentos de muerte, casos donde él estuvo atravesado por varias balaceras y que le pegaban las balas y él no se moría, etc., entonces, obviamente, pues, esto aludía a su relacion pues, con su alter ego, con su nahual o con cierto tipo de prácticas negativas. En fin, es un tema en el cual vale la pena ahondar.
Y ya para terminar, creo que no hay que dejar de mencionar la importancia de Santa María Alotepec como el foco, el epicentro de la insurrección en contra del cacicazgo, quizá por su cercanía con Santiago Zacatepec, sede del cacicazgo de los Rodríguez, o tal vez por esa relación de vecindad que tenían, así como, desde luego, que tiene que ver con su importancia como centro de culto o lugar sagrado como sede de la veneración del Señor de Alotepec; de igual manera, y creo que eso es muy importante del libro, que también relata varias anécdotas en las cuales la fiesta del 3 de mayo no se menciona al Señor de Alotepec, pero si a la fiesta del 3 de mayo, pues es un escenario también importante en el que se desarrollan ciertos acontecimientos del cacicazgo. Yo recuerdo que hasta la fecha van peregrinos, obviamente, como ya sabemos, con mucha fe, a rendir devoción al santo Señor de Alotepec y agradecer por la vida y en alguna ocasión recuerdo haber encontrado, incluso, a policías que formaron parte de las huestes, digamos, de la parte agresora a los pueblos indígenas y que por salvar la vida años después regresaron a reconocer y agradecer al Señor de Alotepec. Yo creo que esta parte, digamos, lo religioso y lo cultural de pueblo mixe también es una parte relevante, que es necesario tenerlos en consideración para la reflexión de este tema como es el caciquismo, aunque sí lo menciona en algún momento Iñigo Laviada no lo profundiza mucho, incluso, en el capítulo sobre las instituciones y los ritos, agrupa ahí la información que, en ese entonces, tenía a la mano.
Para terminar, quería decirles que, pues, es un gusto escuchar que se quiera publicar nuevamente esta obra, yo creo que vale la pena, creo que es muy importante, hay que difundirla, hay que darla a conocer y yo, bueno, ahora trabajo como Coordinador General de Patrimonio Cultural y Educación Indígena del INPI, un espacio en donde revivimos una dirección de publicaciones que había estado o estuvo abandonada durante varios años de lo que fue la Comisión Nacional para el Desarrollo de los Pueblos Indígenas, y le comentaba al director general, Adelfo Regino Montés, de hacer una versión facsimilar, una publicación facsimilar de este libro Los Caciques de la Sierra. Hay quien diría que hay que corregir el libro, reeditarlo, etc., yo pienso que no, yo creo que no, yo creo que este es un libro que es hijo de su tiempo, así habría que publicarlo así como está, incluso un offset, y si, desde luego, que incluya una serie de reflexiones, una presentación, etc., etc., actualizando esa información, pero, el libro tendría que aparecer como tal, por que así fue y esa es la versión que nos proporcionó Iñigo Laviada, así lo publico la editorial JUS; evidentemente habrá que ver el tema de los derechos de autor y yo no creo que tenga problemas JUS en que esta se vuelva a reeditar, y que se redescubra y que se dé a conocer esta obra que, como señalé hace un momento, fue desaparecida, fue quemada, que tuvo esa desgracia por el carácter mismo de denuncia que tuvo en su momento, y desde luego, pues ponemos a disposición de ustedes, Nayuujk, esta iniciativa. También si se puede hacer una colaboración conjunta entre el INPI y Nayuujk, pues la hacemos juntos, verdad, esa sería la propuesta y pues nuevamente muchas gracias por esta invitación.
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