Gracias por la invitación. Tal vez sea yo aquí uno de los jóvenes más antiguos. Nací en el año de 1956, cuando estaban meramente las guerras por el cacicazgo desde Zacatepec. Y si, yo me desarrollé desde la niñez con esas narraciones de lo que le iban aconteciendo a mis padres, mis abuelos, los vecinos, la gente de mayor edad; contaban en forma de breves historias y también lamentaciones por lo acontecido en el pueblo de Cacalotepec, donde yo nací, y también de otros pueblos.
Ya más adelante, de estudiante en la ciudad de Oaxaca y México, tuve la oportunidad de visitar la mayor parte de la Sierra Mixe, desde las zonas altas, media y baja. Casi también escuché las mismas historias junto con otras historias o leyendas, como la leyenda del rey Kontoy.
Comparando y escuchando las ideas y las obras de los dos caciques más mencionados en el libro de Íñigo Laviada, digamos, y que fueron enemigos, en cierta forma el de Ayutla y de Zacatepec fueron los más notables. Pero así como otros compañeros han mencionado que sería bueno actualizar el libro, yo opino un poco diferente. Respeto mucho la obra de Íñigo Laviada como expresión de aquel tiempo de su investigación y como también narrador de hechos muy recientes o inclusive todavía de su tiempo, porque está muy cerca de lo que estaba o había acontecido en la Sierra Mixe.
Yo tuve la oportunidad de estrenar el libro de Íñigo Laviada dos años después de su primera edición en 1980, por buscar algo de los Mixes en la Proveedora Escolar de la ciudad de Oaxaca. Tuve la oportunidad de encontrar este libro de Los Caciques de la Sierra, me lo devoré y se refrescaron todas las narraciones que mis padres, mis abuelos y los vecinos me habían estado narrando constantemente. Y claro, tiene sus vacíos, pero también es un documental importantísimo para mí, que es muy respetable de que se volviera a publicar; yo diría que se publicara tal y cual está, sin modificaciones. En las obras antiguas siempre los nuevos editores tratan de comentarlo ampliamente, como vemos los libros editados por Porrúa, hasta más grandes son los comentarios que el mismo libro. Pero yo respeto mucho la obra de Íñigo.
Para mí fue un gran colaborador, un gran, digamos, auxiliar o auxiliador de los mixes al ponerse a investigar. Y como él mismo narra, tuvo que dormir a veces en fríos, en cobijas, en bancas, en pisos, como los mixes dormían. Y también habían otras costumbres de los mixes, que casi no hospedaban a la gente de la ciudad por no saber practicar el español; los pobres extranjeros o extraños tenían que dormir a veces en los mercados públicos, en el pasillo del curato o en el corredor del palacio municipal. También era difícil la comida para ellos: los mixes casi no vendían comida en aquellos tiempos, era difícil porque luego tenían sus costumbres de que estaban en tiempos de su calendario, digamos, de tiempos sagrados o días de consagración o de recordar a los difuntos y todo eso; muchas veces no vendían nada. Todo eso vivió Íñigo, pero como buen investigador, la verdad es que tuvo la valentía de narrar y publicar su libro en el año de 1978, y yo en dos años lo encontré y lo devoré.
Constantemente lo trato de repasar y lo he tratado de dar a conocer también a muchos amigos, muchos pueblos, sobre todo mixes, para que lo leyeran. Y constantemente fui perdiendo mis libros al prestarlos; ya no me los regresaban. Yo mismo me olvidaba quién los tenía y los volvía a comprar otra vez, hasta que desaparecieron totalmente los libros físicos y ya no había nada.
Y sí, me comentaron que había algún grupo de los mismos mixes que habían tratado de prohibirlo y/o tal vez de recoger todo. Siempre cualquier grupo, ya sea como lo llamamos hoy conservador, progresista o liberal, tienen apoyo en todas partes también; tienen sus alianzas, sus enlaces. Y en el mismo libro de Íñigo Laviada se refleja lo que eran quejas de uno y otro pueblo o intentos de demandas de sus muertos.
Cuando Íñigo se entrevistó con colaboradores del estado de Oaxaca del gobierno —entonces supuestamente revolucionario—, ellos apoyaban al cacique. Lo calificaban como un gran benefactor, como un gran colaborador del gobierno y que era incapaz de cometer ciertas atrocidades. También hablaban muy bien de don Luis Rodríguez y de sus parientes, de los demás parientes y colaboradores suyos también en el mismo pueblo de Cacalotepec.
Pero es verdad que todo lo que Íñigo juntó —tanto los actos que podemos calificar de atrocidades de maldades de uno de varios caciques— también hizo o trató de hacer algunas obras de avance, según él. Y es cierto que, en algunos casos, apoyaba a ciertos maestros porque eran sus amigos, de alguna manera; y otros casos eran sus enemigos porque no le seguían a él ni le servían. Y ese es el coraje de todos los caciques.
Ahora, aunque se habla no nada más de de los Rodríguez por la fundación del distrito Mixe, recientemente encontré un nuevo libro, una nueva tesis de la UNAM de un tal Francisco Ávila Coronel sobre el cacicazgo de Luis Rodríguez. Ahí desarrolla que realmente el cacicazgo viene practicándose más desde los tiempos de la Colonia.
Es cierto que, cuando llegan los conquistadores, lo que hacen es colonizar, someter, esclavizar a cada pueblo y a cada nación indígena de la antigüedad. Precisamente por eso se fundaron las encomiendas y las haciendas, que eran tremendos caciques adueñándose de grandes extensiones de terrenos de los originarios; y ellos se convertían en nuevos patrones, exigían servicio a los demás habitantes originarios. Y eso fue un caciquismo, un cacicazgo desde los tiempos de la colonia.
Y luego, durante el tiempo de la Colonia, también se trató de organizar tanto las ciudades como los pueblos a través de modelos europeos. Primero, ya sabemos que el rey de España mandaba al virrey en México, y el virrey era todo un cacique grandote. También los mismos religiosos llegaron para explotar aplicando la misma regla que hacía el papado en Europa con el Santo Imperio papal (Sacro Imperio), exigiendo el 80% de los diezmos de lo que cada uno producía, y nada más se quedaban los pobres trabajadores con su 20%. Lo mismo aplicaron en México.
¿Qué podemos decir? El cacicazgo no es algo nuevo ni algo original en manos de Luis Rodríguez o de los Rodríguez, sino que ya se venía practicando. Y cuando se dice que se va transformando el tiempo en México, se establece el gobierno independiente mexicano a partir de 1824 con la adopción preliminar de, por ejemplo, de la Constitución de los Estados Unidos con la República Federal. Aunque el nombre es federal, hay mucho caciquismo desde los primeros gobernantes. Sí, según que combatían la explotación hecha por el clero romano en México y por la Santa Inquisición, pero los nuevos gobernantes hacían lo mismo, convirtiéndose en grandes explotadores de los pueblos, sometiéndolos en servicios obligatorios y también en cooperaciones muy altas, de tal manera que el campo mexicano siempre se vio como un campo de explotación, un campo de colonialismo, y los que podían y querían se aprovechaban de los demás. El cacicazgo siempre se dio en cada pueblo.
Había también ricachones, y entre los ricachones también chocaban de uno a otro pueblo; por eso es que se tratan de eliminar entre los ricos y entre los que más podían entender las dos culturas, como dicen que fue el encuentro de dos culturas: Europa y América. Los indígenas existen de manera sencilla, de manera para otros pobres, pero la verdad es que siempre tuvieron de comer; el campo les dio de comer, y más cuando se van fomentando más cultivos con otras plantas que vienen desde Europa o desde Asia, desde África, así llegan las cañas, los plátanos, las naranjas. Y bueno, ya hubo más alimento; pudiéramos decir que si algún indígena no tenía de comer, era por descuido.
Y también el implemento del alcoholismo lo trajo el coloniaje español para que se atontaran más los aborígenes mexicanos y no tuvieran muchas resistencias de dejarse someter. Es un problema general, diría [John Kenneth Turne], el autor de “México bárbaro”, que México, y seguramente desde tiempos antiguos también entre los indígenas, se peleaban, tenían a sus caciques; ya tenemos el ejemplo de los tlaxcaltecas en contra de los aztecas, que mejor apoyaron a los invasores españoles. Y bueno, y se dice que los que conquistaron realmente a México fueron los mismos indígenas, y los que pelearon en la Independencia fueron los mismos hijos de españoles, los criollos.
Así es que los ataques siempre se dan de unos a otros individuos y de unos a otros pueblos. Y ahorita estamos escuchando lo mismo entre Rusia y Ucrania, entre Israel y palestinos; realmente el interés material, el interés económico, el interés de poseer más más allá de lo que tengo, es una especie de enfermedad: la codicia, la avaricia, la ambición. Y no nos importa qué materiales usemos para eliminar a otros o al menos de quitarle sus privilegios con tal de que unos o nosotros seamos prosperados; es el espíritu humano, diríamos por un lado, de inmadurez.
También por aquí vale la pena internacionalizarnos. He aprendido mucho de otras lecturas de buenos escritores como Tomás Hobbes, de Inglaterra, con su “Leviatán” y por la República [de Platón], en donde hace un estudio tremendo, profundo, de las sagradas escrituras, de la Biblia; en donde también recomienda que nosotros, los humanos, tenemos pasiones muy bajas: precisamente la envidia, los celos, el enojo, y bajo esas pasiones actuamos y no nos dejamos ni organizar ni desarrollarnos. Pero sí nos conviene una república en lugar de un cacique grande, que son los reyes o emperadores, y a su antojo, sin leyes. Se empezó a recomendar algo de lo bueno para su propio pueblo inglés, y como él muchos otros autores en favor de la democracia, en favor del pueblo. Pero eso es difícil de aprender y de ejercer realmente.
Y por eso considero la obra de Íñigo como muy importante, que se conserve, que se publique; al menos tenemos en el formato PDF ahora, aunque no en libro físico, y eso es buen material. Ojalá no desaparezca. Recomiendo a los chicos, a los jóvenes, a los niños que lo vayan leyendo como producto de aquel tiempo, independientemente de que se siga investigando y también recolectando lo que hoy vivimos, lo que hoy nos sucede.
Es cierto que el espíritu de cacicazgo está en todos los pueblos y la corrupción nunca va a pactar. No todos somos iguales, es verdad, hay presidentes, hay cabildos muy honestos, muy honrosos y que hacen buenos trabajos en su periodo; y hay de los que casi no hacen nada y siempre están tomando todos los días su mezcalito de más. Y de los fondos que reparte el gobierno federal, es cierto que es algo abundante, pero muchas veces se desvían. Y por ahí todavía sigue también el cacicazgo del clero de fuera, de España, de Roma, y que llega a exigir altos costos por las misas, por las fiestas, por los bautismos.
Y gran parte del presupuesto para los ayuntamientos se van en las fiestas, pagando por un conjunto musical que venga de lejos, que 400 – 500 mil pesos, ahí se va. Bueno, como ya está en libertad el ayuntamiento, piensa que en eso debe gastar; y mejor no componen ni las carreteras ni sus escuelas, a veces ni sus templos y sus iglesias. No hay obras de beneficio colectivo, digamos, y menos de preocuparse por las viviendas de los habitantes. Ahí necesitamos todavía combatir más el cacicazgo y la corrupción.
Yo creo que es todo lo que puedo decir por lo pronto, y gracias por la invitación. Me gusta mucho estar con ustedes y estamos al pie del cañón.
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