Makyepyë mëku’ukëty, miits nëamuke, niiwënä’äk nxoo’nëmë n’ijtëmë, ja nääw ja n’ayuuk, nitu’uk nitu’uk miits ntuknëwäänë ntuknëyääxëtë, ko ja anääw, ja tuu, ja Tajëëw, mya’jikyatëytë mya’mëkättëytë. Maa yä’tëyë ja neky ja kajpyxy jap tyu’uyooyën, ntipë ojts tjä’äy taapë jä’äy miitipë xyëëw Inigo Laviada. Ku yë tyakmëjtä’äk nyëxon nyi’ijtypy wi’ix ja jaa’y jyukyajttën, ja miykyëjxpë, jii ku nyëmajtsk ja ä’äy ntipë mëjk yajknëxonp yajkni’iijtpën. Jëë xyëëw miti’ myëkyëxpetë jä’äyën, Don Luis Rodrigues. Jatu’ukpë, ja jä’äy nitu’un mitipë xyëë’atypy Daniel Martínez Tukyomëtë. Ji’ku yë’ë nint’un nkäpxpo’kxäny nitu’n ja nmëkunääx ja nmëkukäjp’äjtpë, miti’pë ayuuk yajtijtëpë, maa tun ja kop ntsënää’yën, pujxkëxmëtë jä’äy, Tuukyo’mëtëtsy, tuknëëmëtëtsy, eptsykyëxmëtë jää’y, xaamëtsy, ja totontepec, jëtsy nitu’un yëkyëxmëtëtsy, kutsëko’omëtë, nëpa’ämëtëtsy, kana’tsymëtëtsy, kumuujkpëtë käjpmëtëtsy, kënkë’mëtëtsy, texykyëmëtëtsy, muntsyämëtëtsy, ukkupäjkmëtëtsy, jëts mitipë jap tsinatsëpë, ja nmëku’ukäjmëtë jap jëyit, miti’pë jajp yajtiy Mazatlan jets nitu’un Guichicovi. Nipo’okxtë nkäjkxpo’oxtë nitu’unëtsy. Jets kumë jutu’un, njää’äjtëmë, njujky*ajtëme, majtsk piky nxoo’nën, nijtëm, tanto yë nayuk, jets nayten amëxän.

Y para esto, mis queridos paisanos, amigos hablantes también de la lengua mixe, pues me da mucho gusto esta invitación a este diálogo, por el escrito que nos dejó —que nos heredó también— una persona digna de recordar: el señor Íñigo Laviada. Se refiere más a la vida política y social de los pueblos de Santiago Zacatepec y de Ayutla, por sus grandes personajes, don Luis Rodríguez y don Daniel Martínez de Ayutla Mixes.

Es difícil opinar sobre este libro. Nosotros también estamos en una dualidad en la vida política, o como ser social, como seres humanos, como ente humano. Pues como dicen, lo bueno también es malo, y sin embargo, lo malo también es bueno. Pues estos señores lucharon, se idearon; que pues a ellos se les considera como Los Caciques de la Sierra. Pero ¿qué deberíamos entender sobre el término, el concepto de «caciques»? Quiero remontarme otra vez a nuestra lengua mixe; los que los denominan caciques, pues se refiere a las personas, principalmente a los hombres. Cuando dicen: «es que es yää’tsyejk, o es jotmëjk»: es hombre, es fuerte, es el que tiene ëxtsää, es el que tiene los huevos, como vulgarmente se dice. Es un hombre que tiene pantalón, es un hombre que si se faja bien sus cinturones, entonces, es un hombre. Por el lado caciquil, es un cacique —dándole ese concepto—, ¿por qué? Porque sabe matar, porque sabe traicionar: yajjaa’yo’kp, tuu’tanaapy; es el cazador de su propia semejanza.

El cacique es el cazador, el que caza a los más humildes, a los más pobres; los amenace si no los obedece a ellos como cacique, como caballeros, como hombres.

Los dos, pues, son buenos, pero los resultados pudieron haber sido malos, y esos resultados malos también pudieron haber sido buenos; he ahí la importancia de que ese libro sea objeto de estudio, de análisis. Tendríamos que ver con qué finalidad también, porque debe de haber una finalidad por cada uno de nosotros, como participantes, de cómo entendemos este escrito de este señor Íñigo Laviada.

Si lo tomamos por el sentido para el desarrollo económico, pues veríamos en eso han habido ejemplos malos. Cuando don Daniel Martínez consideró que era necesario el desarrollo de la comunicación y empezaron a introducir los cables telefónicos —eran de telegrama—, el otro personaje se encargaba de robar los cables, tumbar los postes. Pero quiénes son los que opinaron en ese libro también tengo mis dudas, porque son dos puntos de vista contrarios. Si yo le pregunto a una persona que le caigo mal, va a opinar de mí mal; si le caigo bien, va a opinar bastante bueno de mí. Entonces habría que ver ahí; nosotros como mixes, es muy importante que se haga un análisis, un estudio también: si es por el lado histórico, en qué nos ha beneficiado, en qué nos ha perjudicado como pueblos de la Sierra Mixe. 

En el caso de San Miguel Quetzaltepec, también hay una muy importante comunicación verbal que se transmite. Muchos de los ancianos han opinado de que si se pelearon, el que estaba inconforme con su mismo pueblo o con sus mismos ciudadanos, donde podían ir a quejarse, tenían dos opciones: ir a Santiago Zacatepec a quejarse ante el señor Luis Rodríguez, o ir a Ayutla Mixes; dos personajes que defendían su postura, su conocimiento y su astucia también, porque fueron muy astutos esos personajes, muy inteligentes, de acuerdo a lo que dice el libro. Entonces Quetzaltepec también ha vivido esos problemas allá. El pueblo está dividido en dos secciones; a partir de que yo me doy cuenta, también, que mi pueblo —los ciudadanos hablan de la primera sección, segunda sección—; y en la primera sección quién es el más caballero, el más hombre; la segunda sección también, quien, y no podían convivir. Viéndolo por el lado social, sería un buen objeto de estudio —y muy buena propuesta— que si se debe reeditar. Lo hemos hecho cada quien por nuestro lado, editando dos o tres libros, mandándolo a empastar, para hacernos de conocimiento de este contenido del libro.

Pero si vemos también del lado poético, creo que de alguna manera también nos inspira a escribir, a decir cosas bonitas también para nuestros pueblos. Y, a lo mejor, sean fuentes de inspiración para los amigos que digo que son poetas. 

Si lo definimos por su lado etimológico, la poesía es la creación; otros dicen que no debe ser poético, sino que deben ser recreadores, a la mejor somos recreadores también, por ese lado no importa; lo importante es que son dos ejemplos en donde podríamos ver lo malo y lo bueno, lo bueno y lo malo, en lo que han hecho en sus historias de vida dos personajes: don Luis Rodríguez y don Daniel Martínez.

También hay muchas anécdotas para poder arreglar algunos asuntos políticos, sobre conflictos políticos, porque también sabemos que han habido, que hay usos y costumbres de cada pueblo según sus historias, según son las leyes seglares, las leyes que también impusieron los conquistadores, que no son nuestras, sino que nos conquistaron y nos impusieron sus reglas sobre el desarrollo del pueblo, y sobre todo, para esclavizarnos. Logran su objetivo, pero llega un choque también. Si está la religión católica, llega también, en el caso de Quetzaltepec, llega la religión de los testigos de Jehová, y ¿dónde van a parar las dos,  tres o cuatro familias de los que ingresaron como testigos de Jehová? Al bote, a la cárcel. Entonces, implantan alguna norma en cada comunidad, pero no únicamente eso: las religiones que se han peleado en el pueblo. Políticos. Con puerta libre los del Partido Revolucionario Institucional, el PRI; de ahí les siguen los del PRD. Entonces ya no se pelearon los de las religiones, sino se pelean, se pelean los partidos políticos, pero también con sus intereses, pues yo digo que económicos. Porque ellos, de los que salen de las ciudades y van a las comunidades, no saben de nuestros usos y costumbres de cada pueblo, o de las normas que hemos aprendido de las normas seglares. 

Entonces, pues es muy importante que si se realiza de esa manera una edición, se dé a conocer en cada uno de los pueblos. No sé cómo tengan proyectado hacerlo, si a través de las escuelas, de instituciones educativas de los diferentes niveles: primaria, preescolar, secundaria, bachillerato, que son los niveles que están en la mayoría de los pueblos.

Tendrían que ser objeto de estudio por el lado filosófico, económico, histórico, social, político. Porque si hablamos por el lado económico, pues que sea económico, y si es leyenda, que sea leyenda; si es realidad, pues que sea real. Que en una ocasión, conforme como se va haciendo esta vez como la Guelaguetza, aquel entonces —(Audio inaudible…)—. Que cuando el gobernante oaxaqueño decide que quiere ir a Santiago Zacatepec, pues le dan todos los privilegios, le componen la música de los sones y jarabes mixes, a través de una persona noble que lo encarcelan en Zacatepec, don Rito Rovirosa, el gran compositor mixe de los sones y jarabes. Pero no conforme con eso, los gobernantes —o los conquistadores— sino que también piden que los integrantes de las bandas filarmónicas de cada pueblo mixe vayan y toquen en el auditorio Guelaguetza. Pero qué resulta: sí, esta anécdota está bien; que un pueblo no participó, en este caso Alotepec no llegó a Zacatepec a una reunión en donde el cacique informaba a los presidentes municipales —bueno, pues a los suyos, a sus presidentes, porque la mayoría tenía que ser aprobado por aquel personaje cacique, don Luis Rodríguez— que quería que todas las bandas filarmónicas vinieran a tocar acá en la Guelaguetza. Pero entre ellos el presidente municipal de Alotepec no pudo llegar; sin embargo, pudo enviar una cartita en la cual exponía las razones que según decía: «Señor Luis Rodríguez, por el momento no puedo ir a Santiago Zacatepec a la reunión para poder acordar la participación de la banda filarmónica de cada pueblo; en este caso, de manera especial, de Alotepec no puedo ir, porque tengo reunión del pueblo, y sin embargo, por este recado le mando, dentro del pañuelo, cincuenta monedas.» Pero cuando revisa —lee con la pura vista, en voz interior baja— el cacique, pues todos estaban interesados, los participantes de la reunión; y que el cacique lee, relee el recado pero con algunas modificaciones, creo que con un cero: en vez de cincuenta, ya le agregó otro cero. Y decía: «Si ustedes, señores presidentes municipales, quieren hacer lo mismo que el presidente de Santa María Alotepec Mixes: no pudo venir, sin embargo, pide que se manden otras bandas filarmónicas, que se contraten, y nos manda aquí quinientas monedas.» Pero en el texto decía cincuenta monedas. Leyenda, verdad, o lo que sea o cuento, pero es objeto de análisis de la inteligencia, de la astucia de un cacique que puede poner, disponer e imponer en las comunidades. 

Pero ¿qué es lo que persigue un cacique? ¿Será ambición? ¿Será que ese cacique era capaz de matar a sus semejantes para poder hacerse de qué, de dinero, de poder, y dejar en la hambruna a sus semejantes? ¿Y los podía cazar, secuestrar, y todo lo que podía imaginarse y hacer don Luis Rodríguez? ¿Cuáles fueron las funciones, las ocupaciones, las intenciones de un cacique de los años anteriores, de las décadas anteriores? ¿Y cuáles son las intenciones de la gente de cada pueblo que busca también el poder, el dinero, el control?

En la actualidad vemos personas que ahora se cambian de color de la playera. Si era tricolor la playera, pues se vuelve como la playera del sol —de PRD—, y puedo brincar de aquí para allá a los otros partidos. Llega un momento en que uno está de acuerdo con los explotadores, con los que viven de nuestros impuestos, y llegan a vestirse de otros colores. No digo los nombres porque se van a ofender. Que no tanto así, amigos, compañeros, paisanos, y de antemano, no quiero ofender a nadie. No digo que fue cierto lo que se habla en el libro, en contra o a favor de cada pueblo o de cada personaje, pero sí mi admiración. 

Y otra de las astucias que tuvieron esos dos personajes fue dónde se establecería el distrito judicial, si en Santiago Zacatepec o en Ayutla Mixes. Pues se pelean los dos personajes, a ver quién. Pero aquel gobernante, el coronel Constantino Chapital, decide hacer reunión con ellos dos, donde Luis Rodríguez dice que el distrito judicial va a ser en Santiago Zacatepec; don Daniel Martínez llega igual, manifestando que el distrito judicial va a ser en Ayutla Mixes. Bueno, ¿qué puede hacer el gobernante si a los dos los aprecia, los quiere, son sus útiles humanos para que peleen en la región y mantengan el control y el poder? 

Pues aquel gobernador dijo: «Daniel y Luis, les doy setenta y dos horas para que se arreglen, se pongan de acuerdo.» La respuesta de don Luis Rodríguez: «Sí, de acuerdo, vámonos pa’ tras.» Sin embargo, al día siguiente llega don Luis Rodríguez, sonriente, alegre; a pesar de su edad, pero siempre se mantuvo jovial —creo que les hacía bien bailar jarabes mixes, las fiestas les hacía muy bien—. Pero al día siguiente dijo: «Señor gobernador, el distrito judicial va a ser en Santiago Zacatepec.» Y el gobernante, aquel gobernante, se pregunta: «¿Y cómo le hiciste para convencer a Daniel? Si los dos son duros.» Y Luis, con voz calmada, responde: «Es que Daniel no está.» «¿Y dónde se fue Daniel?» «Es que ya murió.» Y aquel gobernante ya no dijo más: asunto arreglado para ellos; el distrito judicial está en Santiago Zacatepec. Pero ¿será cierta esa estrategia o fue mentira? Bueno, yo no lo sé; si fue así, pues qué astucia, qué maldad o qué bondad para ganar o para perder.

Queridos amigos paisanos, meetsëtsy mëku’ukëtsy, les agradezco esta invitación, y pues esta es mi breve participación con ustedes.

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