Sí, el texto nos proporciona una información que ha venido influyendo en las investigaciones posteriores. Hay que recordar que el escrito es de finales de los setenta; fue publicado en 1978. Tiene también, por supuesto, algunas cuestiones propias de su época: esto del exceso de adjetivación sobre la pobreza de los pueblos, esta mirada que va en una inclinación, está ahí. Pero, a final de cuentas, su valor es tremendísimo.
Dado el contexto de ese momento y también las producciones que se habían estado dando, me parece que es quizá de las mejores investigaciones. Sin hacer menos al resto, pero se entiende que los estudios sobre esta región han sido un tanto menoscabados, pero también con muchas erratas, sobre todo los estudios culturales y antropológicos.
Este libro ha ido retomando con sumo cuidado las entrevistas; eso es realmente un valor único, el modo en cómo fue haciendo su investigación. Me parece también bellísima la forma en cómo se investiga el pueblo de Alotepec.
Cierto que está ahí, en el trasfondo, Zacatepec, y por obvias razones, por el asunto de Luis Rodríguez. Pero, por lo menos a quienes no somos de este pueblo, nos permite acercarnos, nos permite conocer con más cuidado la forma en cómo vivieron este hecho. Digo, ya de por sí, un periodo cruento, un periodo cruel. Digo, yo soy de Zacatepec, o sea, pero también me permite esa otra mirada, ¿no? La mirada de quienes lo sufrieron.
En Zacatepec, por supuesto, no todos estaban de acuerdo con el cacicazgo. Vi pasar un par de líneas, por supuesto, acerca de la oposición de algunas personas en Zacatepec que Íñigo retoma. Por su puesto, son líneas adyacentes; no profundizó en ello, no era tampoco su intención, y tampoco es algo que le pudiéramos exigir, para nada, porque sigue justamente la línea de Alotepec.
Entonces, esto que nos deja de primera mano en su reconstrucción de lo que le van contando —incluso en ocasiones, él señala que no hay como si tuviera en ese momento una grabadora—, es decir, las conversaciones se van dando de manera intimista, y eso es preciosísimo, porque es ahí, en la confianza, cuando se puede acercar más justamente a los relatos vivenciales. No hay intenciones exageradas de parte de los entrevistados, sino más que la de contar aquello que ellos vivieron.
Eso por un lado. Me parece también sumamente interesante, por supuesto, ya a una distancia mayor, el ejercicio que tenemos que hacer para hacer la reflexión escrita, porque la reflexión oral está, por supuesto, en los pueblos.
Ahora bien, hay muchísimo que seguir analizando de los cacicazgos. De Daniel como el de Luis, como el que ha habido en otros pueblos de la misma región. Importantísimo, sí, porque aunque ya hayan cambiado la época, aunque ya estamos frente a otras situaciones, sigue habiendo, por supuesto, ciertos procesos que se manifiestan. El caciquismo, por supuesto, nos dejó ahí una apertura al camino en el que ya hay una intermediación más alargada entre el Estado y los pueblos.
En ese momento, por supuesto, vemos a los cacicazgos —bueno, me voy a referir sobre todo al de Luis—: un cacicazgo que es un intermediario entre el Estado y el pueblo, pero en el que se da apertura justamente a esta idea de progreso bajo mecanismos de dominación, bajo mecanismos de control, y que además, ha sido hecho por personas de los propios pueblos. Pero, que al final de cuentas, una vez abierta la puerta a las instituciones, a las carreteras, a la comunicación y todo esto —no tampoco para endemonizar, no; es decir, no es que esto, todo así tal cual, sea malo, que el proceso de urbanización sea malo por sí mismo, no—, sino lo que conlleva. Es decir, entendemos que las carreteras, si bien hay un discurso que te dice: “Mira, es para modernizar, mira, es para que puedan salir y entrar con mayor facilidad”, pues, en realidad también permite justamente la llegada al extractivismo, Un extractivismo que se fue, por supuesto, dando de una manera más cruda con el atravesamiento de la carretera. A mí todavía me tocó hasta lo que es San Pedrito, pero toda esa parte, justamente para saquear, estaba ya, por lo menos, en una intencionalidad desde la parte de los cacicazgos.
Eso es algo, por supuesto, que tendríamos que seguir reflexionando. La forma, por supuesto, también en que se da el control, el uso de la violencia —violencia que se sigue manifestando—, la manipulación, la intimidación hacia los pueblos y hacia las personas. Los discursos de cohesión; es decir, esos discursos que, por un lado, dicen estar favoreciendo a los pueblos, pero, por el otro lado, sus mecanismos y estrategias justamente lo que hacen es hacer todo lo contrario.
Entonces, bueno, ahí es donde también nos permite justamente ver la influencia de los cacicazgos que ya, por supuesto, podemos hoy día trasladar a figuras como los políticos, a estos intermediarios que justamente están entre uno y otro espacio, en cómo se va dando todo esto: los cambios, por supuesto, la forma en cómo instituciones como la escuela, el ayuntamiento, las clínicas y demás intervienen en la vida cotidiana de las personas. Y, por supuesto, muchísimos efectos más. Para empezar, justamente sobre lo que es el distrito Mixe.
Por supuesto, podemos hablar de cuál fue la verdadera intencionalidad, que se ve en varios de los autores, que dicen: “Bueno, por un lado era la forma de Luis de querer controlar, pero por el otro lado, resulta que no es que quisiera necesariamente controlar, sino que daba el vínculo justamente al Estado para el mestizaje de las poblaciones mixes.”
Por otro lado, también ver justamente cómo —o sea, a final de cuentas, más allá de la intencionalidad que haya habido— cómo se está jugando este distrito hoy en día, cómo se establece dentro de la geopolítica nacional; incluso cómo esta forma geopolítica contrasta también un poco con las divisiones distritales electorales.
Entonces, hay muchísimo que seguir analizando y viendo el papel del ejército, por supuesto. Cuando vemos el relato del libro de Íñigo, bueno, también vemos la participación de los militares, pero no solo ver la participación de los militares desde afuera. Porque, por lo menos en Zacatepec, como en otras poblaciones, también tenemos muchísima participación mixe en esos ejércitos y la policía, o sea, la migración justamente permite que muchos de los jóvenes sean parte de esto. Eso también se da desde la época de Luis Rodríguez, que ahí hay una intervención justamente con el Estado.
Podríamos seguir señalando también cómo, a partir de esta apertura que se da en vínculos con el Estado, también hay otra intervención, que es el narcotráfico, que está ahí, que se ha ido moldeando, que se ha ido también como adaptando en ciertas zonas. No sé si ustedes recordarán —yo lo recuerdo, por allá de finales de los noventa, principios de este siglo— cómo se sembraba la amapola, y era así como de «Bueno», el ejército también estaba coludido, las poblaciones sabían cuándo iba a entrar el ejército y todo mundo como que se recogía antes, o se dejaba ahí en suspenso.
Algo que también me recuerda mucho ahora que le di la releída para esta reunión, es el asunto de cómo se ve desde afuera justamente el cacicazgo, cuando nos recuerdan las notas periodísticas que había cerca del cacicazgo, de lo que era esta idea de esta figura del patriarca mixe. O sea, como si hubiera ahí una ruptura en nuestra lectura de la realidad. Habría mucho que ver.
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